La antesala de los premios Oscar son un marco perfecto para poner en lista todas las películas que no se deben ver, o al menos no inmediatamente. Toda esa maquinaria mediática diciéndote que las películas más exquisitas del planeta está a la vuelta de la esquina de tu casa, 24 horas al día, 7 días a la semana hasta que te ves obligado a sucumbir por tamaña presión y hacer ese soliloquio preconcebido ... ah vamos a ver que es la bulla... pues a veces es eso, es sólo bulla, y pasa como en los reinados de belleza, las mujeres más lindas no están ahí, tal vez estén sólo las más poderosas o las mejores relacionadas. El Cisne Negro es una más de esas beldades que se pasean por la alfombra roja de Hollywood y que llega cargada de promesas: la mejor actuación de, la mejor película de, el mejor guión de... Pero esa no debería ser la carta de presentación de esta indispensable cinta, más bien sus mismo visionado debería hablar por sí solo. Como siempre he sido admirador de Natalie Portman, desde que la viera hace muchos años como la niña huérfana y hambrienta de venganza que emulaba los pasos de su mentor y platónico referente sentimental Jean Reno en el Profesional de Mr Besson, pasando por sus roles de adolescente en conflicto junto a Susan Sarandon en Anywhere But Here y obviamente llenando el vacío de peso femenino que Carrie Fisher le había heredado a la saga de Sta Wars, representando a la reina Amidala y a su alter ego Padme, romántico y revoltoso amor del futuro caballero oscuro Darth Vader, no podía negarme la oportunidad de volver a ver en acción a una de las mejores actrices de su generación, y más cuando se gritaba a los cuatro vientos que representaría el papel más importante de su carrera. Así que la saqué de mi lista de películas para no ver, y pues la vi. El resultado: una película muy bien hecha. Es difícil clasificar una historia tan humana y a la vez tan atrabiliaria dentro de un género específico, más difícil aún es encontrarle algún defecto que vaya más allá de un simple error de edición o un contrasentido argumentativo. Es una radiografía perfecta de la paranoia que todos llevamos dentro y que llevada de la manera que se llevó y contada de la forma en que se contó, nos hace sentir un poco la frágil frontera entre la razón y la locura. El escenario de fondo es el ballet, como lo sería tal vez el fútbol, el boxeo o una simple oficina de trabajo, y es esto mismo la excusa perfecta para desarrollar una historia de obsesión, deseo y tragedia. El señor Darren Aronofsky que por allá en el 2000 sacudió el celuloide con la "gangrenosa" historia de Requiem for a dream con el actor cantante de 30 seconds to Mars Jared Leto, y que me hizo dormir con la muy humana pero soporífera historia de el Luchador en el tan comentado regreso de Mickey Rourke (más deforme y menos sobre actuado que de costumbre), se hace un banquetillo de cámara en mano y atención por los detalles en el álgido y por momentos letárgico guión en donde encumbra la imagen de Portman y la convierte en el Cenit y el Nadir de la película misma. Un doblete muy interesante con un director que empieza a crear su estilo propio en sus obras, sin convertirlo necesariamente en el paradigma de la dirección contemporánea. Una historia que lenta pero firmemente se va desarrollando entre la sobre protección maternal, el atisbo de acosos sexuales, lesbianismo espontaneo e incluso tendencias homicidas, todo en aras de la consecución de un sueño que en nuestra vida diaria se puede traducir como el de sobresalir y conseguir lo que se desee cueste lo que cueste, sea el colofón la materialización de "El lago de los cisnes" de Tchaikovski, o simplemente la satisfacción de no morir sin antes no haber tocado la punta de nuestro Everest particular. Y es aquí en donde reside el verdadero valor de la película y le da su verdadero contraste, la interpretación de sus personajes. El actor Francés Vicent Cassel, eterno secundario de hollywood, está muy correcto en su interpretación de maestro, guía, acosador y gigoló, y su personalidad fuerte contrastada con unos dejes de comprensión auto complacientes le otorga solidez a la historia. La incipiente actriz Ucraniana Mila Kunis (bastante guapa, por cierto) también soporta su ingrato papel con decoro y un toque de coqueteo y libertinaje descarado que enciende la mecha de la envidia en la protagonista y que a la postre exacerba su tenebroso lado oscuro. Pero para no ir más lejos, la película completa es devorada por Natalie Portman. Los gestos, las expresiones de felicidad, lujuria, angustia y deseo están tan bien delineados, que dudo mucho que haya tenido tiempo real para aprender a bailar ballet, disciplina por demás esclavizante y perfeccionista. Ms Portman se apersona de cada escena en la que aparece (que son casi todas) y cada vez que se refleja en su alter ego malvado, cada vez que Mr Aronofsky le persigue con su inquieta cámara y cada vez que ve su odio crecer hacia lo que siempre ha querido y que paradógicamente le impide dar alas a ese cisne negro interior ávido de desplegar sus alas, le da validez al mismo tiempo a una interpretación muy bien lograda y que en definitiva le amerita no sólo el desvalorizado Oscar, sino cualquier cantidad de elogios que expertos y fanáticos pudiesen otorgarle. La paranoia es el caballo de batalla, y a la vez, es el elemento demoledor de una historia muy íntima y que deja mucho para reflexionar, recomendando su visionado una y otra vez con la seguridad de que cada uno dejará una nueva huella en nuestra percepción. No sé si ya me volví paranoico, pero los coqueteos con el terror de la película me ponen a pensar si lo que nos hace más fuertes esta dentro de nosotros, cohabitando con aquello que nos podría destruir también. Sería cuestión de probar y dejarlos salir juntos, aunque sepamos de antemano que en la vida real no te dan premios por que seas fuerte, y mucho menos porque te destruyas.
Cine, inglés , vida moderna y en general muchas cosas que tal vez no sirvan para nada
sábado, 9 de abril de 2011
I found it ¡¡¡
Después de varios infructuosos intentos de recuperar mi blog, he aquí que el hijo pródigo ha vuelto a casa. La idea original era crear un espacio para comentar, criticar, destrozar o simplemente compartir ideas acerca de películas y una que otra cosilla de inglés (dos de mis grandes pasiones). Pero como casi 4 años después me reencontré con este sitio y al darme cuenta de que está intacto, pues ni comentarios tiene, he decidido hablar de todo un poco y de mucho un nada, pues es mi blog y aquí vuelco mi cabeza como se me de la gana. Vamos a ver que pasa y si es que lo vuelvo a perder y dentro de otros 4 años vuelvo a escribir estas necedades, o por el contrario, encuentro eco en el universo insondable de la red. Best wishes ( to me, of course)
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